Obesidad infantil: causas y soluciones

Hoy 12 de noviembre se celebra el Día Mundial contra la Obesidad, enfermedad crónica caracterizada por un peligroso exceso de grasa en el organismo. Declarada por la Organización Mundial de la Salud como la primera epidemia no contagiosa en 2004, hoy afecta a 502 millones de personas y es el sexto factor principal de defunción en todo el mundo, debido al gran número de condiciones médicas asociadas a ella: artrosis, diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares… Cada año fallecen alrededor de 3,4 millones de personas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad (En España estas defunciones representan el 16% del total).

La obesidad en el mundo dividida según las regiones del Observador Mundial de la Salud. Fuente: OMS

El problema de la obesidad es cada vez mayor: un exhaustivo análisis realizado por la prestigiosa revista médica The Lancet determinó que el incremento de obesidad a nivel global fue de un 27,5% en adultos y de un 47,1% en niños entre 1980 y 2013. La OMS, consciente de la magnitud del asunto, realiza recapitulaciones periódicas de datos e ingentes estudios a través de su Observatorio Mundial de la Salud, que se pueden consultar en su aplicación Global Database on Body Mass IndexAdemás, la misma organización considera que el crecimiento de la obesidad está provocando problemas añadidos como la aparición de la ortorexia,  trastorno que consiste en una obsesión patológica por mejorar el estado de salud a través de la alimentación (afecta al 28% de la población de los países occidentales).

Pero lo que más preocupa a los especialistas es el crecimiento de la obesidad infantil, declarada por la OMS como uno de los problemas más graves del siglo XXI en cuanto a salud pública (al mismo nivel que pandemias como el sida o la malaria). Por este motivo la organización anunció en mayo de este año una nueva iniciativa para ponerle freno: la Comisión para acabar con la obesidad infantil, formada por un grupo de especialistas de distintas disciplinas.

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Fuente: OMS

Actualmente se calcula que más de 44 millones de niños sufren de obesidad (6,7%, porcentaje que en España crece hasta casi el 10%). Curiosamente, en los países subdesarrollados el incremento porcentual de la obesidad en los niños ha sido un 30% superior al de los países desarrollados durante las últimas dos décadas.

La obesidad infantil resulta especialmente preocupante por tres cuestiones: primero, porque un niño obeso tiene grandes probabilidades de convertirse en un adulto obeso; segundo, porque el riesgo de la mayoría de las enfermedades resultantes de la obesidad depende en parte de la edad de inicio y de la duración de la obesidad, por lo que un adulto obeso que lo lleva siendo desde niño padecerá, por ejemplo, una mayor hipertensión -y a una edad más temprana- que el que contrajo la enfermedad siendo ya adulto; y tercero, porque los menores obesos pueden sufrir de enfermedades propias de mayores, como diabetes tipo 2, discapacidades varias (especialmente trastornos del aparato locomotor) o enfermedades cardiovasculares, lo que provoca que la mortalidad infantil en obesos sea cuatro veces superior a los niños de peso saludable.

Es especialmente relevante el mediático caso de Poncho, un niño mexicano de doce años que murió en verano del año pasado de un infarto.Tras la tragedia sus padres iniciaron la campaña en redes sociales Ni un poncho más, que trata de concienciar a la población mexicana sobre los riesgos de la obesidad infantil.

En la práctica totalidad de los casos (99%) la obesidad infantil es causada por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto calórico, según la OMS provocado por comer más grasas y azúcares y realizar menos actividad física a causa de cambios sociales, como el aumento de la naturaleza sedentaria de muchas actividades recreativas o el cambio en los modos de transporte.

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Estados Unidos, con un 15%, lidera a los países del mundo en porcentaje de obesidad infantil.

Pero ¿por qué se come cada vez menos sano? La nutricionista María Sánchez, propietaria de la clínica Corporesano, asegura que existen varios motivos: “el crecimiento del consumo de comida rápida y productos ultraprocesados, que se apoyan en grandes inversiones publicitarias, o la colocación estratégica de máquinas expendedoras en colegios o parques -algo que afortunadamente está cambiando gracias a nuevas leyes-“. Sin embargo, considera que la razón principal es la falta de educación nutricional de los niños: “Antes los padres tenían mucha paciencia con sus hijos para que comieran cosas sanas. Ahora, por ciertos cambios sociales, especialmente de tipo laboral, muchos padres no tienen tiempo para prepararles la merienda o el desayuno y dan a sus hijos dinero, con el que estos compran bollería”.

 Otra causa es la falta de un desayuno completo: “Alrededor de uno de cada tres niños va al colegio sin desayunar, y del resto la mayoría no desayuna lo suficiente. El resultado es que se desequilibra el ciclo alimentario de todo el día”.

NASFASDFASDFDSALa solución debe pasar por lograr que los niños adquieran un equilibrio calórico, tanto mediante la educación nutricional de la que habla María Sánchez como el incremento de la actividad física. Para lograr este objetivo la OMS pide un reconocimiento político sostenido y la colaboración de muchas partes interesadas (en España, por ejemplo, han destacado la Estrategia NAOS o el plan Mediterraneamos).

Hay casos en los que, por cuestiones metabólicas, patológicas o educativas la concienciación no logra combatir la obesidad. El doctor Víctor Valentí de la Clínica Universidad de Navarra es experto en cirugía bariátrica para tratar la obesidad, tratamiento en el que se disminuye el espacio disponible en el estómago para conseguir en el paciente una saciedad prematura; este experto asegura que “aunque la cirugía está contraindicada en adolescentes y niños, porque estos tienen cambios corporales y sería más adecuado esperar a que acabara su desarrollo antes de intervenir quirúrgicamente, se están empezando a operar a algunos menores con buenos resultados”.

Al igual que la nutricionista María Sánchez, vuelve a incidir en la importancia del compromiso y la educación: “si con la cirugía quitas peso al paciente pero no introduces algún cambio en su conducta, pasado algún tiempo volverá a coger el peso. La cirugía  no es un milagro: si un paciente quiere volver a forzar y a coger malos hábitos de vida seguirá siendo obeso”.

Por este motivo, opina que con la cirugía hay que introducir cambios en los hábitos de vida, como el ejercicio: “con el ejercicio no solo mejoran su sistema locomotor y pierden peso, aprenden que son capaces de mantenerse por sí mismos en un peso sano. La batalla contra la obesidad no la gana el bisturí sino la voluntad propia del paciente”.

 

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Cuando la bondad se hace ciencia: Gabriella Morreale

Completamente jubilada desde hace gabriela morrealeun año, Gabriella Morreale de Castro (Milán, 1930) descansa apaciblemente en su casa de Madrid, un reposo que se ha ganado con sus 60 años de investigación en el campo de la endocrinología, que estudia el funcionamiento y las enfermedades del sistema endocrino,  glándulas y hormonas.

Conozco personalmente a la doctora Morreale desde hace muchos años, pero es su hermana María quien me atiende al teléfono. Me avisa de la imposibilidad de entrevistarle a causa de “su avanzada edad”, pero me tranquiliza asegurándome que ella misma puede contarme mucho mejor que Gabriella los logros de esta, pues “nunca le ha gustado hablar de todo lo que ha ganado o ha hecho. Es demasiado humilde”.

Lo cierto es que sus méritos no son precisamente pocos. Licenciada en Química por la Universidad de Granada en 1955 con matrícula de honor y Premio Extraordinario, ha recibido casi todos los premios científicos que se otorgan en nuestro país: Premio Nacional de Medicina (1977 y 1997), Premio Severo Ochoa (1982), Premio de Investigación Reina Sofía (1982), Premio de Investigación Médica Gregorio Marañón (1997) y Premio Jaime I a la Investigación Médica (1998); aparte de galardones internacionales de sociedades científicas, como el European Thyroid Association (1985).

La mayoría de estos honores los comparte con su marido Francisco Escobar del Rey (Córdoba, 1923), su pareja desde que se conocieron como estudiantes en la Universidad de Granada e inseparable compañero de investigaciones desde 1951. Gabriella, además, fue nombrada Académico de Honor de la Real Academia Nacional de Medicina en 1994 -con el añadido de ser la primera mujer- y ex presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología y de la European Thyroid Association.

Gabriella y Francisco fueron los precursores de la endocrinología moderna en España y dos de los investigadores de endocrinología experimental más importantes a nivel mundial, lo que les ha provocado comparaciones con el matrimonio Curie, con los que coinciden en ser un matrimonio de científicos y pioneros en sus respectivos campos.

Su aportación más importante, sin embargo, es la llamada prueba del talón, que consiste en detectar anomalías en los niveles de yodo de un recién nacido mediante una extracción de sangre: una falta de este componente puede provocar trastornos tales como retraso mental severo, hipertiroidismo o hiperactividad. Solamente un tratamiento que comience muy poco después del nacimiento puede evitar la aparición de estos efectos.

Tras varios años de lucha contra la indiferencia lograron poner en marcha en 1976 un programa a nivel nacional de prevención de la subnormalidad basado en la prueba del talón, a pesar de que hacía tiempo que habían demostrado la correlación entre niveles de yodo y salud. Pocos años después Unicef adoptó la prueba y comenzó a aplicarla en todo el mundo, y desde 1990 la OMS recoge en su tabla de derechos el consumo de yodo durante el embarazo y la primera infancia. Su trabajo, por tanto, ha tenido un gran impacto en acciones de salud pública que han evitado miles de casos de cretinismo. Según cálculos de sus colegas, previene esta el retraso mental severo  aproximadamente 150 niños al año.

Sin embargo, el rasgo más definitorio de la doctora Morreale es su bondad. Sus colegas han destacado durante toda su carrera sus cualidades humanas sobresalientes, y los periodistas que la han entrevistado la han calificado como insuperablemente abierta, cercana o simplemente entrañable. A María no le quedan dudas de que la humanidad sea el rasgo más genuino de su hermana. Cuenta, por ejemplo, cómo en los años cincuenta importantes investigadores invitaron a Gabriella y Paco a trabajar en Holanda o Estados Unidos; pero ellos decidieron volver a España, donde apenas existía la especialidad y no tenían apoyo estatal. “¿Por qué?”, pregunto. “Por dos razones: porque habían estudiado en Granada y porque los alimentos de España son los que menos yodo tienen -por el suelo-, y por lo tanto donde más falta hacían sus estudios”.

María empieza a emocionarse. “Solo hay que ver su trabajo”, y prosigue: “¿Qué ha estudiado durante más de medio siglo?” Conozco la respuesta: cómo evitar enfermedades y discapacidades en los recién nacidos -e incluso antes-. Me cuenta, con un orgullo tan entrañable como merecido, cómo Gabriella estuvo años trabajando en las Alpujarras, una región de Andalucía, sin más ayuda estatal ni subvenciones que la colaboración de un alguacil. Entre esos pueblos andaluces, trabajando sin laboratorio ni estudio, logró que la población infantil con cociente intelectual inferior a la media pasara del 43% a 20%.

“Y después de todo lo que ha hecho”, sigue María, “¿sabes cuál es su orgullo?” No lo sé. “Una carta”, dice. Se ríe. Es una carta del Vaticano. “Le escribió  el año pasado al Papa diciéndole que estaba muy gordo y que por su salud debía adelgazar, y él le contestó diciendo que gracias, que lo intentaría”. Se ríe de nuevo y le acompaño, aunque no sé muy bien por qué. Tal vez por la excesiva humildad de su hermana.  Tal vez porque le haya enviado una carta a Francisco I solo para decirle que está gordo. O, tal vez, por la sorpresa de ver que aunque Gabriella tenga un sobresaliente como científica, la matrícula se la lleva como persona.

Cuando la bondad se hace ciencia: Gabriella Morreale

El uso excesivo del teléfono móvil e Internet puede provocar trastornos psicológicos graves

Un uso excesivo y adictivo del teléfono móvil podría estar relacionado con un consumo desmesurado de alcohol y tabaco, depresión y fracaso escolar; y respecto a Internet, depresión, ansiedad, insomnio e incapacidad social, según un estudio del psicólogo Xavier Carbonell.

Desde la aparición de Internet se conoce su potencial adictivo. Por esta razón Carbonell en su artículo Adicción a Internet y móvil: una revisión de estudios empíricos españolesen la prestigiosa revista Papeles del psicólogo, revisa doce estudios -que en total abarcan más de 12.000 encuestados- realizados sobre estudiantes de secundaria, bachillerato y universidad durante diez años (2002-2011), que indagan sobre la adicción a Internet y a los móviles en España. El objetivo de dicho estudio es determinar los factores que diferencian el uso de Internet y móvil saludable del patológico.

En los doce trabajos analizados se estudia las características personalizadas del uso, a la vez que la salud psicológica general mediante varios tests internacionalmente aceptados, que entre otras cosas miden el grado de depresión, ansiedad, habilidades sociales e inteligencia emocional.

El macroestudio concluye que en España se dan pocos casos de adicción a Internet o los móviles, pero estos pueden llegar a ser realmente peligrosos. Apenas entre el 5 y el 10% de los encuestados tienen un abuso de tiempo que provoque un comportamiento adictivo, pero los que la padecen poseen síntomas que pueden interpretarse como falta de tolerancia, abstinencia y pérdida de control, lo que sugiere que los problemas asociados con un uso excesivo de estas tecnologías son similares a los de otras adicciones, como el alcohol o la drogadicción.

¿Cuáles son los trastornos más frecuentes asociados a Internet y al teléfono móvil? Existen dos principales: la comunicación alterada de la identidad en Internet y el FOMO en los móviles.

La comunicación alterada de la identidad consiste en la suplantación total o parcial de la identidad propia por la identidad virtual, creada en mundos virtuales (salas de chats, juegos de rol en línea…). En Internet es muy fácil usar una personalidad diferente a la real, buscando satisfacciones que no se pueden encontrar en la propia identidad (sentirse joven, triunfador, apuesto, adinerado…). Carbonell concluye que, sin duda alguna, las personas con una identidad alterada muestran serios problemas en sus relaciones sociales y una gran falta de autoestima.

El llamado FOMO (Fear of Missing Out en inglés) se aplica principalmente a aplicaciones sociocomunicativas como whatsapp, y consiste en el miedo a “quedarse fuera de lo que ocurre” o defraudar a quien envió un mensaje, por lo que debe contestarle inmediatamente. Aquellos que sufren el FOMO muestran una gran dependencia emocional de los mensajes de sus contactos, demostrando gran ansiedad y agresividad cuando nadie les habla o no son contestados.

El uso excesivo del teléfono móvil e Internet puede provocar trastornos psicológicos graves